La zapatera prodigiosa

A partir de la lectura de la obra dramática La zapatera prodigiosa, de Federico García Lorca, algunos alumnos de 4º ESO han escrito un desenlace digno del teatro lorquiano.

Continuación de La zapatera prodigiosa

(La zapatera está en el salón con su marido. Están cogidos de la mano. Ella le está mirando a los ojos, él duerme.)

ZAPATERA: (amorosamente) ¡Ay, marido mío! ¡Cómo te había extrañado! ¡Ningún hombre me ha llegado al corazón como tú lo has hecho!

(Entra el niño corriendo por la puerta)

NIÑO: (chillando) ¡Zapatera! ¡Zapatera!

ZAPATERA: (levantándose enfadada) ¡No grites! Mi marido está descansando (pasándose la mano por el pelo).

NIÑO: (disculpándose) Venía porque…

ZAPATERA: (poniéndose la mano en la cadera) ¿Por qué…?

NIÑO: (casi llorando) En el pueblo se vuelve a hablar de ti y del zapatero…

ZAPATERA: (sentándose) ¿Qué dicen?

NIÑO: Mejor, qué cantan… (bajando la vista y cantando…)

                                   ¡ZAPATERA!¡ZAPATERA!

                                   Volvió contigo por pena

                                   No sabías llevar la taberna

                                   Ni esa relación,

                                   A la que llamabas eterna…

                                   ¡ZAPATERA! ¡ZAPATERA!

ZAPATERA: (enojada) ¡Qué escándalo! ¡Qué calumnia! ¡Qué barbaridad! ¡Venganza!

(La zapatera coge su chaqueta y se aproxima a la casa de la vecina roja. Llama a la puerta y sale su marido Manuel)

MANUEL: ¡Vaya, si es la zapatera! (dice levantando el brazo) ¡Qué agradable e inesperada sorpresa!

ZAPATERA: Buenas, señor Rodríguez (estrechándole la mano).

MANUEL: ¡Por favor, llámame Manuel! ¿Qué te trae por aquí? ¿Quieres que llame a mi mujer?

ZAPATERA: (poniendo su mano encima de su hombro) ¡No, no, no! Me gustaría hablar con usted…

MANUEL: Dime pues…

ZAPATERA: He visto con mis propis ojos que usted está manteniendo una aventura con la Condesa de Padua… vaya, vaya… qué alto tiene el listón ahora… me tomé la libertad de sacarles fotografías… usted no quiere que esto llegue a su mujer… ¿verdad? Yo tampoco, créame… Así que antes de que salga el sol… usted habrá desaparecido sin dejar nota alguna… ¿No es así, don Manuel?

MANUEL: (llorando) Así será, zapatera… voy a recoger mis pertenencias, pero dame las fotos.

ZAPATERA: Por encima de mi cadáver

(Manuel cierra la puerta en la cara de la Zapatera y se va del pueblo)

 

(A la mañana siguiente, la zapatera vuelve a la casa de la vecina roja. Llama y ella le abre la puerta despeinada)

VECINA ROJA: ¡Cómo osa! ¡A qué viene!

ZAPATERA: Me toca…

                                   Su marido la abandonó

                                   A usted el karma se la jugó

                                   Nada me volverá a cantar

                                   Porque la acaban de dejar

                                   Ahora es usted la humillada

                                   Su dignidad está pisada

                                   ¿Por quién? ¡POR LA ZAPATERA!

 Loyola Bilbao


 

Continuación de La zapatera prodigiosa

(En casa están la zapatera y el zapatero, de nuevo juntos.)

ZAPATERA: (muy nerviosa) Zapatero mío, hay algo que te tengo que decir. Muy importante.

ZAPATERO: Zapaterita mía, dime.

ZAPATERA: (aún con más nervios) Es una alegría grandiosa, que nunca te podrías esperar.

ZAPATERO: Zapaterita (inquieto), ¿Puedes contármelo ya?

ZAPATERA: ¿Sabías que cuando iba por la plaza me he encontrado a Don Mirlo?

ZAPATERO: Dime lo que me quieres decir ya, no te enrolles, zapaterita mía.

ZAPATERA: (mordiéndose las uñas) Don Mirlo me ha enseñado un pájaro. ¡Un pájaro precioso! Tenía unos colores impresionantes.

ZAPATERO: Zapaterita…

ZAPATERA: Unos ojos enormes y cuando lo ha soltado ha volado hacia una nube que se parecía a los zapatos de la vecina.

ZAPATERO: Zapaterita, ve al grano.

ZAPATERA: El otro día escuché unas coplas, en la plaza, preciosas… Decían así: “Oh…”

ZAPATERO: (interrumpiéndola) Basta ya, Zapaterita mía.

ZAPATERA: ¿Has acabado los zapatos del señor alcalde?

ZAPATERO: Están aún por empezar. El alcalde vino ayer y me dijo que no tenía prisa. ¿Te ha dicho algo nuevo?

ZAPATERA: (mirando alrededor suyo) No, no, solo era por puro interés.

ZAPATERO: Me has distraído, dime ya la cosa tan importante de antes.

ZAPATERA: ¡Mira quién viene por allí!

Aparece el niño por la ventana.

NIÑO: Hola Zapaterita ¿Tienes alguna galleta para mí?

ZAPATERO: (yendo para cerrarle la ventana) Ahora está ocupada, niño, vete.

ZAPATERA: (impidiéndole que se vaya) Niño mío, no tengo ninguna galleta. (Acercándose y casi susurrándole) Aún no se lo he contado, estoy muy nerviosa.

ZAPATERO: ¡Basta de susurrar! Vete, niño, ya.

(Niño desparece de la escena.)

ZAPATERA: Lo has tratado muy mal, pobrecito. Sabes que él es el único en el que puedo confiar. Todas las del pueblo son muy malas y cotillas.

ZAPATERO: (mirándola con ojos inquietos) Lo siento, Zapaterita mía, no volverá a pasar pero ahora necesito que me expliques el porqué de estos nervios.

ZAPATERA: (mordiéndose las puntas desgastadas de su pelo rubio) Me he manchado el vestido, tendré que ir a cambiármelo, con lo que me gusta a mí.

ZAPATERO: (gritándole) ¡Zapatera!

ZAPATERA: (volviéndose a él) Vale, vale…Allá va… ¿Preparado para lo más inesperado?

ZAPATERO: (cerrando las ventanas para así tener más intimidad) Lo hago por las cotillas. Sí, que estoy preparado.

ZAPATERA: (volviendo abrir las ventanas) Uf….Vale….Estoy….Eeee… ¡Estoy embarazada!

 

Silvia Fornieles

 

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